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La memoria que vive en los aromas | Laura López-Mascaraque, doctora en Biología

By AprendemosJuntos

Summary

Topics Covered

  • El olfato es el sentido más evocador que conecta directamente con el cerebro emocional
  • El efecto proustiano: un olor puede transportarte a otro momento y lugar
  • Cuando el Alzheimer encontró a su padre gracias al olor a madera de cedro

Full Transcript

El sentido del olfato es el sentido que tenemos más evocador, es el más directo que llega al cerebro.

Cada vez que respiramos nos llegan unas moléculas químicas a la nariz, esto llega a las neuronas sensoriales olfativas, estas que os digo que son las únicas que están en contacto con el exterior y que además se están regenerando cada 40 o 60 días...

Estas llegan a sus receptores y, de ahí, llegan directamente a la corteza cerebral, a su corteza olfativa y a un área, dentro del cerebro, que se llama el cerebro emocional o sistema límbico, que es el que está totalmente relacionado con las emociones, con la memoria.

Es el sistema que podríamos llamar más irracional.

No lo procesamos, directamente va y decide lo que hacer: percibo siento evoco.

Entonces, muchas veces nos llega a una molécula, un olor determinado, un aroma, y eso nos pasa directamente allí, nos está recordando ese momento que estaba con mi madre, que le regalé un ramo de gardenias.

Y entonces, no me está recordando el olor de las gardenias, me está recordando esa escena que yo viví.

Esto es lo que se llama el efecto proustiano, porque Marcel Proust escribió un libro, ‘En busca del tiempo perdido’, en el cual simplemente mojando una magdalena en té, cuando empezó a tomarla, se empezó a acordar de cuando estaba con su abuela en la granja...

Es el efecto evocativo que tienen los olores, un efecto que nos llega muchísimo más de lo que nos pueden llegar otros.

Y puede despertar muchas emociones.

Y aquí os quiero contar una anécdota, que cada vez que la cuento me emociono un poco porque me pareció bestial.

Yo muchas veces hago talleres, tanto con niños, con adultos como con mayores.

Y en uno de estos talleres, que lo hice en un sitio donde estaban determinadas personas que estaban en distintos estadios de la enfermedad de Alzheimer, yo llevé unos olores y bueno, pues la gente se puso allí, lo llevaba en unas cajitas, la gente se puso a oler las cajitas, a intentar identificar qué era.

Y al principio de llegar al taller me dijeron: “Mira, hay una de las personas que ya está en una fase bastante avanzada y apenas puede hablar ni nada y no interacciona mucho.

Bueno, pues estábamos con el taller y en un momento determinado esa persona olió una de las cajitas y se puso a llorar y a gritar.

Sin saber, yo le pregunté qué le pesaba.

Me decía: “Déjame, déjame”. Hasta que yo, de repente, acaba esto y empiezo a contarles qué eran esos aromas.

Y digo bueno: “Este aroma que tenéis en esta cajita es el olor a cedro”.

Digo: “¿Sabéis que es una madera con la que se hacen los lapiceros?”

Y de repente, esta persona que no hablaba desde hacía muchos meses ni nada, empezó a decir: “Por eso me gusta.

Era la madera con la que mi padre me hacía los lapiceros cuando iba al colegio, y mi padre murió cuando yo tenía diez años”.

O sea, allí veías a las cuidadoras que lloraban, a sus compañeros que no se lo podían creer, que ella estuviese interactuando, y lo único que se dedicó fue a intentar coger todas las cajitas que había por las mesas y llevárselas, y guardárselas en un delantal que llevaba puesto.

Pero para mí fue un ejemplo bestial de cómo una evocación de un olor puede llegar a transformarte.

O sea, en ese momento ella no estaba allí en un taller.

Ella estaba en ese momento con su padre, ella estaba representándose, había ido a otro sitio.

De alguna manera nos transportan, como decía Helen Keller, nos transportan a miles de millas que nunca habíamos pensado.

Ese es el poder evocativo que tiene el olfato.

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